Cariño

El balde huele mal, pero no puede hacerse de otro. Huele a rancio. Demasiado tiempo lavando en él las mantas de su creatura, herencia de su madre y de su abuela. Tenía 120 años y la inteligencia de un crío de 4. Decía palabras como “no”, “sí”, “mamá”, “te quiero”, “Poly quiere comer” y la miraba con aquellos ojos que esperaban todo de ella.

El reloj

Usaba un reloj a cuerda que pidió para su cumpleaños. A veces olvidaba darle vueltas a la manillita y debía ponerlo a la hora según la posición del sol y luego esperar el paso de algún peregrino para comprobar que estaba en lo correcto.

Precaución

Doquiera se moviera en la ciudad su cabeza planeaba la fuga a las alturas; prestaba atención a la estructura del edificio de turno y a las puertas de salida con que contaba; sacaba la cuenta de los minutos que demoraría en alcanzar la cumbre del cerro más cercano. No admitirá que siente pánico de bajar al plan, al lado de la bahía, porque puede ocurrir un maremoto. No es paranoia , dice, es precaución.

Hibernar

El invierno me inactiva. Como a las tortugas. Si pudiera hibernar como ellas, lo haría aunque fuese sólo por un par de semanas. A veces, escribir es como hibernar. Uno se mantiene en status quo mientras llena la página de palabras, sin comer, sin moverse a excepción de la mano que sostiene la pluma, hasta que llega la noche sin apenas darte cuenta. El mundo se mueve y le pasan cosas mientras escribo. Por eso a veces dejo de hacerlo, por temor a que cuando termine, el mundo haya acabado allá afuera.

El mapa

Dibuja un mapa del barrio en sus sueños que es diferente al real, las calles son más curvas, el mar está más cerca; la carretera, a los pies del cerro, corre en dirección contraria como en un espejo, y más arriba del cerro no hay nada más que una huella y es peligroso porque puedes perderte allí sin saber cómo volver, pasar noches a la intemperie, al frío y al viento sin tener otra cosa con qué cubrirte más que un montón de hojas secas de otoño hasta que logras dar con el camino de vuelta y regresar a la civilización.

El cuarto

Cuando iba de visita a la casa que fue de la abuela, ocupaba la habitación al final del pasillo. Había libros inútiles por todas partes y el polvo en las sábanas picaba la piel.

Diógenes

Mi papá y yo tenemos el gen de Diógenes. Lucho todos los días contra él. A veces gano, otras caigo en la derrota miserablemente. Yo tengo más éxito que mi papá. Mi hermana echa a la basura todo lo que papá y yo escondemos.

Invierno

Yo no sé de las terribles tormentas de las que habla mi hermana. Para mí los inviernos eran la lluvia cubriendo el patio y los árboles bailando al son del viento; el olor a tierra mojada, el gorro y la bufanda tejidos por la mamá; ella barriendo el agua del porche con las botitas de hule y la escoba de ratén.

Noche oscura

Como quiera que nos comportáramos en su presencia, Berta nunca había perdido la sonrisa hasta esa noche. La ciudad aún brillaba allá arriba, pero por razones distintas. Teníamos la esperanza de que con las luces apagadas nadie notase que había habitantes en nuestra casa.

Delirio

Veo escenas horribles de hombres atrapados en sectas cuyos miembros quieren arrancarles la piel y pasarlos por fuego. Llego hasta el umbral de la cocina y declaro: “Me siento mal”. Tengo fiebre. ¿Qué otra cosa podría provocar tales visiones sino la fiebre? O quizás se debe a que ya no duermo con la Biblia bajo la palma de mi mano. Hay termitas trabajando en mi muralla. Las escucho. No se han marchado a pesar del esqueleto metálico que le colocamos a mi habitación el verano pasado y el concreto que le echamos encima. Tal vez se quedan por mí.

extravío

A veces hace preguntas raras. Ella aún le tiene paciencia suficiente para contestárselas. La ve atascarse en las palabras, buscarlas en algún punto en el espacio por sobre su cabeza, tratando de explicar aquello que la atormenta por dentro.

mar

Sube al bus y se instala en la ventana, siempre al lado de la ventana, para mirar el mar que ha visto millones de veces desde que nació y aún atrapa su mirada, sea gris, azul o brillante verde, turquesa o calipso o rojo aún como durante los arreboles de otoño que incendian el cielo.

Perseverancia

Y entonces llora porque no lo aguanta. Llora porque queda al descubierto de los demás y no sabe cómo protegerse. Y por eso a veces quisiera morir, aunque otras no, sólo disfrutar lo que le queda e intentarlo de nuevo.

¡Me han comentado!

¡Qué emoción!

He sido reseñada en el sitio “Amazing Stories” por Tanya Tynjälä.

Tanya es, en palabras de Marcelo Novoa, mi editor, “una figura clave internacional dedicada al rescate de las nuevas obras del fantástico latinoamericano”.

Ha seguido estudios de pedagogía en el Instituto Superior Pedagógico de Lima y en la Universidad de Grenoble – Francia. Actualmente realiza su doctorado en filología francesa en la Universidad de Helsinki mientras trabaja como profesora de lengua y cultura en la Universidad Politécnica de Helsinki.

Ha publicado la novela de ciencia – ficción “La Ciudad de los Nictálopes” y el libro de cuentos de hadas “Cuentos de la princesa Malva” con la editorial NORMA. Su trabajo ha sido parcialmente traducido al finés, francés, inglés y búlgaro.  Textos suyos han sido incluidos en diversas antologías como “Canto a un prisionero” de la Editorial Poetas Antiimperialistas de América 2005, Ottawa – Canadá, en “La estirpe de sueño. Narrativa peruana de orientación fantástica” de Gonzalo Portals, en “Breves, brevísimos” Antología de la mini ficción peruana” de Giovanna Minardi  “Discuentos”, cuentos infantiles sobre  discapacidad física e intelectual (Asociación el gato de cinco patas – España) o “Replicación” (Editorial Lingueya- Bulgaria). Un cuento suyo ha sido incluido en el manual para la educación secundaria “Texto 4ème sec.” en Bélgica. Forma parte del equipo de blogs de “Amazing Stories” y es corresponsal del “Science Fiction Awards Watch”.

En 2003 fue nominada escritora del año para la colección Torre de Papel Amarilla por la editorial NORMA. En 2007 ganó el primer premio en la categoría de monólogo teatral hiperbreve del  Concurso internacional de microficción “Garzón Céspedes” y quedó finalista en el  V Concurso Internacional de Mini Cuentos Fantásticos: miNatura. En 2009 Quedó finalista en el concurso “La lectora impaciente”

Aquí, la reseña : http://amazingstoriesmag.com/2016/09/resena-de-libro-la-pena-y-otras-historias-de-redencion-de-marcela-ponce-trujillo/

Gracias, Tanya.

Y el día llegó

El 21 de abril, como lo había publicado en un post anterior, fue la presentación de mi libro “La Pena y otras historias de redención”. Fue una tarde memorable donde los nervios se apaciguaron poco a poco en gran parte por la acogida y el acompañamiento de Marcelo Novoa de Editorial Puerto de Escape y Marisol Utreras.

Comparto con ustedes el audio de la presentación y algunas fotografías.

Audio

No es obsesión

Puede parecer que estoy obsesionada con Graham Greene pero ha sido todo un descubrimiento. Ambos detestamos los clásicos, a James Joyce con su Ulises, preferimos a un buen narrador antes que a un buen literato; ambos sufrimos de una escolaridad no muy afortunada, depresión en la adolescencia, un constante deseo de escapar durante toda la vida; el hábito de escribir en una libreta los sueños de la noche y una gran curiosidad por el proceso final de la muerte. El día que me llegue la hora espero tener una libreta y un lápiz a la mano para describir la experiencia.

No estoy enamorada

No es una idea profunda y romántica. Es sólo que cuando veo a su hijo, el mayor, se me revuelven las hormonas. Serán sus piernas arqueadas tal vez, o su cabello negro con patillas entrecanas o el hecho de que conduce una moto y cuando entra en “Mermedo” a comprar el pan, lleva el casco colgando del brazo. El asunto es que me gusta su hijo, el de la cara porfiada y aire de macho. Pero, por favor, no piense mal; no estoy enamorada de él.