Inconsciencia

 

Me acuerdo de Tanya que tenía ojos achinados y le faltaban algunas chauchas para el peso. Sus dedos eran cortos, cilíndricos, gruesos. Con ella me lancé calle abajo atravesando la avenida Viña del Mar en el asiento trasero de su bicicleta sin saber qué tanto arriesgaba la vida.

Navidad

En Navidad y, en especial, en el Año Nuevo, cuando era chica, había que lavar las ventanas, encerar los pisos y lavar las copas. Todas las copas. Era un trabajo de locos. El piso era de parqué y había que esperar a que la cera se secase para pasar la aspiradora.

Por eso, cuando siento olor a cera, en especial si se confunde con el olor de la cocina encendida, pienso en Navidad.

Dulces en el cine

Aún tengo recuerdos de cuando íbamos a ver películas en horario de matiné al teatro Metro que nos recibía con su decoración Art Decó, la confitería con los estantes llenos de dulces y su mesón curvo de madera maciza y barnizada, el que yo apenas alcanzaba siendo niña al momento de elegir los confites que mi papá ofrecía comprar. Gajitos de naranja y limón eran mis preferidos y bolitas de frambuesa los de mi hermana. Desde entonces y hasta ahora siempre ha sido un rito entrar a ver una película con algo para distraer la boca.