Los mayores

Mientras sostiene el pie sobre la toalla listo para ser secado, la imagen de Jesucristo con un delantal a la cintura, sentado en un banquillo esperando los pies de sus discípulos, acude a su memoria. Pero no es un discípulo ahora, es su tía envuelta en suaves pliegues de carne otorgados por la edad y con un segundo ombligo bajo el verdadero gracias a una antigua intervención quirúrgica de cuya causa ni ella misma se acuerda. Su tía con olor a ancianidad y huesos frágiles que hay que cuidar.