extravío

A veces hace preguntas raras. Ella aún le tiene paciencia suficiente para contestárselas. La ve atascarse en las palabras, buscarlas en algún punto en el espacio por sobre su cabeza, tratando de explicar aquello que la atormenta por dentro.

mar

Sube al bus y se instala en la ventana, siempre al lado de la ventana, para mirar el mar que ha visto millones de veces desde que nació y aún atrapa su mirada, sea gris, azul o brillante verde, turquesa o calipso o rojo aún como durante los arreboles de otoño que incendian el cielo.

No estoy enamorada

No es una idea profunda y romántica. Es sólo que cuando veo a su hijo, el mayor, se me revuelven las hormonas. Serán sus piernas arqueadas tal vez, o su cabello negro con patillas entrecanas o el hecho de que conduce una moto y cuando entra en “Mermedo” a comprar el pan, lleva el casco colgando del brazo. El asunto es que me gusta su hijo, el de la cara porfiada y aire de macho. Pero, por favor, no piense mal; no estoy enamorada de él.

¿Será así?

Cuando yo sea viejita ¿calzaré zapatones de cordones y me pondré medias pantys gruesas en plena primavera? ¿y me quedaré dormida en el sillón leyendo el diario que luego mis sobrinos retirarán con sigilo de sobre mis faldas sin que me entere?

Noticia: ¡Publiqué un libro!

En Amazon Kindle

 

“Este libro es una colección de cinco cuentos en los cuales el lector podrá enfrentarse a la vida y la muerte, el fracaso y la esperanza, la duda y la convicción, todos ellos conceptos presentes en la existencia de todo ser humano.
La habilidad con que se encuentran escritos estos relatos deja abierta la posibilidad más que cierta de que alguno de ellos se convierta en el primer paso hacia un cambio interior y personal”.

El link para los interesados está aquí

 

El lago

Apareció un charco en el terreno después de la lluvia, pero para los niños no era sino un lago que miraban con asombro preguntándose cómo era posible, quién lo había puesto allí durante la noche. No les correspondía a ellos preocuparse, como los adultos, por el hecho de que no habrá techo en el vecindario que soporte el próximo temporal.

El pingüino

Nunca se supo si Jacqueline Silva, del segundo grado en la escuela básica del barrio, tenía en realidad un pingüino viviendo en la tina de su baño. Era un secreto a voces dentro del salón de clases a pesar de que jamás nadie lo vio ni ella permitió, de ningún modo, que se le visitara en su casa.

Santidad

El carisma no significaba santidad y ella lo sabía. Detestaba el halo de virtud que la gente solía colgarle siendo que ella conocía la verdad. Gastaba mucho tiempo y aliento en tratar de no mentir, en dejar claro el asunto ante quien tuviera al frente para no sentirse una impostora. Porque el carisma no implica santidad. Y eso la gente no lo entiende.

Los mayores

Mientras sostiene el pie sobre la toalla listo para ser secado, la imagen de Jesucristo con un delantal a la cintura, sentado en un banquillo esperando los pies de sus discípulos, acude a su memoria. Pero no es un discípulo ahora, es su tía envuelta en suaves pliegues de carne otorgados por la edad y con un segundo ombligo bajo el verdadero gracias a una antigua intervención quirúrgica de cuya causa ni ella misma se acuerda. Su tía con olor a ancianidad y huesos frágiles que hay que cuidar.

Los 10 mandamientos de un escritor (según Stephen Vizinczey)

Leí este extracto aquí hace varios años cuando trataba de disciplinarme en el oficio de la escritura. Me hizo mucho sentido así es que lo comparto para los interesados.

1. No beberás, ni fumarás, ni te drogarás.
Para ser escritor necesitas todo el cerebro que tienes.

2. No tendrás costumbres caras.
Un escritor nace del talento y del tiempo… Tiempo para observar, estudiar, pensar. Por consiguiente, no puede permitirse el lujo de desperdiciar una sola hora ganando dinero para cosas no esenciales. A menos que tenga la suerte de haber nacido rico, es mejor que se prepare para vivir sin demasiados bienes terrenales. (…)  Es preciso decidir qué es más importante para uno: vivir bien o escribir bien. No hay que atormentarse con ambiciones contradictorias.

3. Soñarás y escribirás y soñarás y volverás a escribir.
No dejes a nadie decirte que estás perdiendo el tiempo cuando tienes la mirada perdida en el vacío. No existe otra forma de concebir un mundo imaginario.

4. No serás vanidoso.
La mayor parte de los libros malos lo son porque sus autores están ocupados en tratar de justificarse a sí mismos. (…) Si crees ser sabio, racional, bueno, una bendición para el sexo opuesto, una víctima de las circunstancias, es porque no te  conoces a ti mismo lo suficiente como para escribir.

5. No serás modesto.
La modestia es una excusa para la chapucería, la pereza, la complacencia; las ambiciones pequeñas suscitan esfuerzos pequeños. Nunca he conocido a un buen escritor que no intentara ser grande.

6. Pensarás sin cesar en los que son verdaderamente grandes.
«Las obras del genio están regadas con sus lágrimas», escribió Balzac en Ilusiones perdidas. Rechazo, mofa, pobreza, fracaso, una lucha constante contra las propias limitaciones…, tales son los principales sucesos en las vidas de la mayoría de los grandes artistas, y si aspiras a conseguir su destino debes fortalecerte aprendiendo de ellos.

7. No dejarás pasar un solo día sin releer algo grande.
No se debe cometer el error común de intentar leerlo todo para estar bien informado. Estar bien informado sirve para brillar en las fiestas, pero resulta absolutamente inútil para un escritor. Leer un libro para poder charlar sobre él no es lo mismo que comprenderlo. Es mucho más útil leer una y otra vez unas cuantas novelas hasta comprender por qué son buenas y cómo las han construido los escritores. Hay que leer una novela unas cinco veces para comprender su estructura, qué la hace dramática y qué le presta ritmo e impulso.

8. No adorarás Londres–Nueva York–París.
Si posees una buena colección de ediciones en rústica de grandes escritores y no dejas de releerlos, tienes acceso a más secretos de la literatura que todos los farsantes de la cultura que marcan el tono en las grandes ciudades. (…) No hay que perder el tiempo, por tanto, preocupándote por lo que está de moda, del tema idóneo, el estilo idóneo o qué clase de cosas ganan los premios. Cualquier persona que haya tenido éxito en literatura lo ha conseguido en sus propios términos.

9. Escribirás para tu propio placer.
Hace sólo un par de años leí en los periódicos americanos las críticas más condescendientes de Medida por medida…, la obra en sí, ¡no la producción! Si Shakespeare no puede complacer a todo el mundo, ¿por qué intentarlo siquiera nosotros?

10. Serás difícil de complacer.
La mayoría de los libros nuevos que leo se me antojan a medio terminar. El escritor se contentó con hacer su trabajo más o menos bien, y luego pasó a algo nuevo.
Para mí, escribir empieza a ser emocionante de verdad cuando vuelvo a un capítulo un par de meses después de haberlo escrito. En esta fase lo miro menos como autor que como lector, y por muchas veces que reescribiera originalmente el capítulo, todavía encuentro frases que son vagas, adjetivos que son inexactos o superfluos. De hecho encuentro escenas enteras que, aunque ciertas, no añaden nada a mi comprensión de los personajes o de la historia y, por consiguiente, pueden eliminarse.
Es en este punto cuando examino el capítulo durante el tiempo suficiente para aprendérmelo de memoria —lo recito palabra por palabra a cualquiera dispuesto a escuchar— y si no puedo recordar algo, suelo descubrir que no era correcto. La memoria es un buen crítico.

Vizinczey es uno de los grandes escritores actuales por su capacidad para hacer suyos temas cruciales de nuestro tiempo y transfigurarlos en materia narrativa con humor y pasión” (La Vanguardia). Es autor de las novelas En brazos de la mujer madura (Ediciones 1992) y Un millonario inocente (Ediciones 1992), y de los ensayos Verdad y mentiras en la literatura (Ediciones 1992) y The Rules of Chaos.

Así se empieza

“Cuando yo tenía tres años mi madre me metía a hurtadillas en un cine dos o tres veces por semana. Mi primera película fue El jorobado de Notre Dame, de Lon Chaney. Aquel lejano día de 1923 se me curvó para siempre la columna y la imaginación. A partir de entonces supe reconocer a un maravillosamente grotesco compatriota de la oscuridad no bien lo veía. Corría una y otra vez a ver las películas de Chaney para deleitarme de miedo. Llevaba a horcajadas sobre mi vida al Fantasma de la Opera, de capa escarlata. Y cuando no era el Fantasma era la terrible mano que gesticulaba detrás de la biblioteca en El gato y el canario, invitándome a buscar más oscuridad escondida en los libros.
Yo estaba enamorado, por entonces, de los monstruos y los esqueletos y los circos y las ferias y los dinosaurios y, por último, del Planeta Rojo.
Con esos primitivos ladrillos he construido una vida y una carrera. Todo lo bueno de mi existencia me ha venido de mi duradero amor por esas cosas sorprendentes”.

Ray Bradbury y el Señor Eléctrico, Cultura y Entretención, Diario La Tercera, Domingo 10 de junio 2012, pag. 66.