Doquiera se moviera en la ciudad su cabeza planeaba la fuga a las alturas; prestaba atención a la estructura del edificio de turno y a las puertas de salida con que contaba; sacaba la cuenta de los minutos que demoraría en alcanzar la cumbre del cerro más cercano. No admitirá que siente pánico de bajar al plan, al lado de la bahía, porque puede ocurrir un maremoto. No es paranoia , dice, es precaución.

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